martes, 9 de abril de 2013

Cuento sobre el amor y la familia: La abuela en el rincón


Erase una vez una anciana a la que se le murió el marido. La mujer se fue a vivir con su hijo, la esposa y una hija de éste. Cada día la anciana iba perdiendo la vista y el oído. A veces las manos le temblaban tanto que se le caía la comida al suelo, y la sopa se escurría del plato.
A su hijo y su nuera les fastidiaba todo aquel desorden y un día dijeron: ¡basta!. Dispusieron una mesita en un rincón para que la anciana comiera allí, a solas. Ella los miraba con lágrimas en los ojos desde la otra punta del comedor, pero ellos casi no le hablaban durante las comidas, salvo para regañarla porque se le caía el tenedor o la cuchara.
Una tarde antes de cenar, la niña estaba en el suelo jugando con unos bloques de construcción.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó el padre
—Construyo una mesita para ti y para mamá—respondió la niña—Así, cuando yo sea mayor, podréis comer solos en un rincón.
El padre y la madre guardaron silencio durante algún rato y luego se echaron a llorar. Habían comprendido la naturaleza de sus actos y la pena causada.
Aquella misma noche, hicieron que la anciana ocupará de nuevo su sitio en la gran mesa del comedor, y a partir de allí ella siempre comió con el resto de la familia. Y cuando algo de comida caía al suelo o un tenedor resbalaba de la mesa a nadie le molestaba.
Fuente: El monje que vendió su Ferrari – Robin S. Sharma

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